Recomiéndanos un libro

Antonio Aguilera nos recomienda las “Memorias con esperanza” de D. Fernando Sebastián

Málaga, 12-mayo-2019

         Me pide José Emilio que recomiende un buen libro para leer; se me ocurren varios, pero me centro en MEMORIAS CON ESPERANZA, de nuestro querido D. Fernando Sebastián, al que todos o la gran mayoría de sacerdotes de Málaga hemos tenido la suerte de conocer y tratar.

         Caigo en la cuenta de que algún compañero me va a decir: “¡Vaya cara! Recomendar ese libro… ya está hecho, con la simple firma del autor”. Y es verdad: lo hecho, lo escrito y lo firmado por este hombre ya tiene el aval de una mente clarísima; de un trabajador incansable; de un sacerdote, obispo y cardenal ejemplar y valiosísimo para la iglesia. Pero, bueno, aporto un pequeño grano de arena, ya sé que no más.

         De él son otros libros muy interesantes, entre los últimos, por ejemplo, La fe que nos salva (Edic. Sígueme, 2012), María, madre de Jesús y madre nuestra  (Edic. Sígueme, 2013). Interesantísimos y que nos dan mucha luz. 

Pero Memorias con esperanza (Edic. Encuentro, 2016), tiene un toque, creo yo, de intimidad, de cercanía, de conversación entre amigos, de un amigo que cuenta sus vivencias a otros amigos… Curiosamente así indican las primeras líneas: “Abrir un libro es como comenzar una conversación con un visitante. Detrás de cada libro hay una persona, unas ideas, unos sentimientos, a veces toda una vida”. Y cierra el libro diciéndonos que nos habla en la vejez, cuando ya han pasado los años y ha vivido mucho, recordándonos por ello que “Una de las muchas ventajas de la vejez es que al final de la vida sabemos lo que ya somos […] Ahora, al final de la vida, sí puedes mirar hacia atrás y ver el camino recorrido, los riesgos de cada momento, los sedimentos del tiempo vivido.”

Pues bien, este libro que mira a lo ya vivido, pero no con nostalgia sino como esperanza para seguir entregando la vida (el título bien lo indica: Memorias con esperanza), se lee muy bien, gusta mucho y nos adentra de forma clara, sencilla y con la buena documentación de quien ha estado a pleno pulmón en todos esos acontecimientos de que nos habla.

El libro tiene seis capítulos: I. Calatayud, II. Largos años de Formación, III. Salamanca, IV. Obispo, V. Navarra y VI. La Jubilación. Seis capítulos enmarcados por una Presentación y un Epílogo entrañables. Los capítulos primero y el último quizás puedan servirnos más para conocer la fibra humana de D. Fernando, los otros nos muestran el D. Fernando trabajador constante, macizo y de argumentos muy sólidos en todo lo que tocaba.

Se reflejan muy bien sus años de estudiante, su afición al estudio siempre, sus constantes iniciativas de apóstol en la Universidad, su incansable tarea de Obispo en León y Navarra, su tiempo de septiembre de 1991 a mayo de 1993 en Málaga (pág. 309ss) y su saber estar retirado, jubilado, colaborando de manera excelente en todo lo que se le ha pedido en la iglesia universal, en nuestra diócesis de Málaga, en el Seminario y en cualquier parroquia a la que lo llamábamos… Y qué geniales homilías en la catedral en la misa de 11’30 cada domingo…

En todos los capítulos del libro hay llamadas muy lúcidas para nosotros: en el saber tratar los amplios temas de sociedad-política-iglesia, en el saber renunciar a lo que le gustaba (enseñanza y universidad) dándose por completo a lo que con el cambio se le pedía, en el saber asentarse y trabajar en lo humilde… Al leer el libro subrayé muchas cosas, pero retomo y recalco ahora dos trocillos:

  • Cuando tiene que dejar la universidad de Salamanca y pasar a ser Obispo de León: Un día en la oración me dije: Desde ahora tus libros van a ser las parroquias; en vez de estudiar lo que otros han dicho, reflexionaré sobre lo que yo mismo vea en la vida de las parroquias y de la gente. Mis libros serán las parroquias.
  • Y ya en León, reconociendo el valor de los pueblos pequeños, cuando un abuelo le dijo: Mire usted, Sr. Obispo, tenga en cuenta que, aunque seamos pocos, mientras tengamos la iglesia en pie somos un pueblo.

(Esta anécdota la comentó luego él a Alfonso Guerra, para hacerle ver el

valor social de la iglesia. Cfr. pág. 244).

         Muy interesante también la exposición clara de sus relaciones con el cardenal Tarancón [a quien ayudó tanto y en tantos momentos: El consejillo de los sábados (pág 206), La homilía de los Jerónimos (pág. 209), cuando Juan Carlos I es rey], con Alfonso Guerra, con Santiago Carrillo, con Felipe González: siempre verdad, claridad, sinceridad, servicio, escucha y colaboración en todo lo bueno.

         En resumen: que el libro hay que leerlo. Que se disfruta y se aprende mucho. Y se aprende en todos los campos: en el de la espiritualidad, D. Fernando fue un hombre de Dios; en el del saber, D. Fernando fue una mente privilegiada y un gran profesor; y en la pastoral, D. Fernando fue un gran pastor. Y en el de la amistad… D. Fernando estuvo siempre muy cerca cuando lo necesitamos.

         Pidamos al Señor que nos conceda hombres así para nuestra iglesia y para nuestra sociedad. Y, ya que estará en el cielo, que interceda por nosotros para que nuestro sacerdocio camine por esas veredas.

Antonio Aguilera Cabello