Cuéntanos cómo era...

José Ruiz Córdoba nos cuenta cómo era Diego Ernesto Wilson

Diego Ernesto Wilson

Diego Ernesto Wilson Plata nace en Sevilla el 10 de junio de 1929, aunque desde muy pequeño vive en Málaga. Ingresa en el Seminario el 30 de septiembre de 1947. Y es ordenado en la Santa Iglesia Catedral el 13 de mayo de 1956. El verano de ese año vive en la Residencia Sacerdotal y desempeña sus trabajos pastorales en Ubrique, Mondrón, Cómpeta, Los Rubios, Somera de Angostura, etc. El 24 de junio de 1957 llega a la Parroquia de Santa María de la Amargura como Vicario Parroquial. Los primeros años transcurren en la ermita de Zamarrilla y en 1961 ya se traslada al templo actual.

Desde los primeros momentos de su ministerio se dedicará al trabajo con los niños y jóvenes. Al contemplar la situación en la que se encontraban quiso dedicarse a ellos al estilo de Don Bosco. Tan es así que terminará fundando la Asociación Pública de Fieles Misioneros de la Esperanza (Mies).

Tal y como le enseñaron en el Seminario, Diego Ernesto es un sacerdote enamorado de Jesucristo. Lo encuentra en la Escritura. Por eso nunca se separaba de su pequeña Biblia con la que comenzaba todas las reuniones. Y profundamente marcado por la espiritualidad de San Manuel González, ama a Jesús presente en la Eucaristía. Celebrar la Misa y la adoración eucarística son el motor de su vida, lo que le impulsaba a buscar continuamente el rostro de Cristo. Y como era artista intentaba convertir en madera o pintura la imagen que llevaba en su cabeza y en su corazón.

Pero su deseo profundo de seguir a Jesús con radicalidad le lanzaba a buscarle en los niños y jóvenes “pobres, pobres, pobres”, como le gustaba decir. Viendo las condiciones en las que vivían deseaba liberarlos de forma integral de todo aquello que les impedía crecer. A disposición de todos ellos puso su persona, su vida y lo que poseía. Quería hacerlo al estilo de Jesús, como siervo que “no quiebra la caña cascada ni apaga el pábilo vacilante” (Is 42, 3). En el nombre de Jesús, quiere liberarlos rechazando toda forma de violencia e imposición.

La vida de Diego Ernesto ha sido una vida de seguimiento desde la vocación sacerdotal. Y ese seguimiento de Jesús lo ha hecho en compañía de los que seguían al Señor, especialmente de su Madre. Él quería ser “esclavo” al estilo de la “esclava”. Y a ella se lo confiaba todo. Por eso, siempre lo acompañaba un lema: “En Mies ella lo ha hecho todo”.

El domingo 26 de junio de 2005 fallece y esa misma tarde se celebró la Misa en la Basílica de Santa María de la Victoria. En su lápida está escrito un versículo del Sal 16: “Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor”. Y por la comunión de todos los santos seguimos unidos a él y a todos los sacerdotes que han entregado su vida en esta diócesis de Málaga. Que la intercesión de todos ellos nos haga ser, cada día más, “evangelios vivos con pies de cura”, “dispuestos a servir a la Iglesia de balde y con todo lo nuestro”.