Cuéntanos cómo era...

Paco Ruiz nos cuenta cómo era José Barroso

Gracias por invitarme a reflexionar y poner por escrito “algo” sobre Barroso.

Por supuesto que pueden anotar mucho Pepe Fenoy, Manolo Ortiz, Alfredo Salazar, Juan Mi González Rubio, Antonio Aguilera o Pepe Sánchez Luque. Todos pertenecimos en distintos momentos a un equipo por el que pasaron unos treinta sacerdotes a partir de los años 70. Nos reuníamos todos los martes. Fue un equipo de vida (oración-formación, bienes-bolsa en común y acción). Cada uno tenemos nuestra visión personal que se hace complementaria al referirse a José Barroso Toledo.

Nació en Periana y participó en la Acción Católica de aquellos años y entró en el Seminario como vocación tardía. 

Destaco desde el principio su sentido común, apertura a la “nuevas” ideas y pensamientos (personas y revistas), su amistad con don José Maria González Ruiz, cercanía a grupos-realidades-población más vulnerable y necesitada, su amistad con todo el mundo del arte…

Se me grabó una charla-meditación, en un retiro, sobre Jesús. Fue una persona “apasionada” por Jesús.

Sin referencias a datos escritos y sin poder consultar con nadie, hago constancia de su presencia en barriadas de pescadores (playas de san Andrés y Misericordia y El Copo), estando en el Seminario.

Fue  muy querido en Olías (municipio de Málaga Ciudad) y Totalán. Ya entonces estaba con él su madre, doña Carmen.

En Benamocarra e Iznate era impresionante el cariño que le tenían. Le tocó participar en la construcción del puente sobre el Río Vélez. Su labor fue denitiva. Allí trabajaba en el campo, sobre todo en las cañas de  azúcar. Era cura que trabajaba en el campo, distinto a cura obrero. Son conotaciones distintas. 

Pasó a San Andrés de Coín y también trabajó en talleres de mecánica.

Por donde fue pasando, amó y sirvió. Cada misión era gozosamente aceptaba. Jamás le oí comparar o poner una sobre la otra. Cada realidad era única e irrepetible, casi un “absoluto” de la que estaba enamorado.

Y llegó a Vélez Málaga, como párroco de  San Juan y después como Vicario Territorial. He dicho varias veces que de Vélez le gustaba “hasta…” Para él Vélez Málaga era su punto de referencia en su infancia y juventud como “arriero”. En Vélez era conocido como Barroso y desarrolló su amor por el arte y los artistas, tan abundantes.

La vida sacerdotal en residencia con capilla para orar y rezar juntos la Liturgia de las Horas (Laudes y Completas). 

Su presencia y apoyo a la cooperativa de transportes (Cotravelma), su aire fresco en la relación con la gente, su puesta en marcha de la catequesis de perseverancia y de iniciación cristiana. Conscientemente lo he puesto en ese orden. Una liturgia más viva, la cercanía con los curas, su amistad entrañable con los chavales más “dejaíllos” de barrios o más de la calle, “los valentines”. 

Su “testamento final” escrito en un sobre (lo tiene Antonio Aguilera) es muy simple. Dejó el dinero justo para los gastos del entierro. Fue una preciosidad de amistad, cariño, participación, con flores de los sitios por donde ha ido pasando. Muy entrañable.

Y he dejado para el final los dos trasplantes de hígado, realizados en el Hospital 12 de octubre, donde Antonio Aguilera estuvo presente en todo momento. Era un hermano con una amistad entrañable. También nos ayudó mucho Ramón Tejero.

Pepe Barroso sufrió mucho y muy en paz. Con mucha capacidad. Cuántas veces le dije:tú puedes. Vamos. Tú puedes. Y pudo morir entre nosotros, en nuestras manos, y nos quedamos muy en paz. Somos hermanos, hemos vivido como hermanos y lo recordamos como un testigo fiel.

Gracias por esta oportunidad. Gracias.

Francisco Ruiz Fernández